@dansavedra

¿Y mi tatuaje? No hoy.

No se trata de convencerlos que no usen tatuajes, se trata más de expresar un punto de vista, comenzar una discusión, y de ser necesario, me convenzan de hacerlo. Todo esto es una reflexión, de esas que ocurren de la nada en la mente de quien le importa.

Hace poco tiempo conocí a una persona, de la mejor manera en que se puede topar con alguien, de forma natural. Sin ser más que desconocidos que encuentran temas en común, eventualmente, y a los pocos días, llegó a la mesa hablar de los tatuajes.

Emocionante y fascinante se tornó la charla, nunca había conocido a alguien que pudiera expresar algo tan íntimo de forma tan natural, como si parte de ella fuera y de sus brazos o cabello estuviera hablando. Entonces llegó la hora de la verdad, la hora de mi respuesta. Vi en sus ojos esa expectativa por saber mi opinión, más que por aprobación o compartir algo, era una mirada que esperaba una expresión honesta para saber si yo era de fiar o no. Y lo soy, aunque mi opinión no era lo que se esperaría en tiempos políticamente correctos.

No me pondría un tatuaje, al menos no hoy. Y en verdad les juro, que con la forma de expresarse de Eli, la forma en que sentía sus tatuajes parte de ella, en verdad hubiera querido decir que amaba los tatuajes, que me moría de ganas por ponerme uno, pero no hubiera sido cierto.

Dando vueltas a la cabeza puedo resumir algunos puntos del por qué no usaría uno:

 

No se si hay algo que quiera recordar toda la vida.

Si bien no soy el más hippie o yogui de la humanidad, creo totalmente en el hecho que presente hay únicamente, que del pasado se aprende y que del futuro ni para qué pensar, si solo es pasado que no ha ocurrido.

Ahora bien, si hoy pensara, qué quiero recordar en algunos años? Tal vez no mucho. Entiendan que no tengo hijos o un amor de la vida, que si bien tengo familia la mayoría de ella la veo frecuentemente y con mucho aprecio. Recordar para mi produce un efecto confuso, cuando recuerdas el primer amor vienen a la mente detalles de cariño y cosas bonitas que pasamos juntos, pero al mismo tiempo cosas de por qué terminó.

Una amiga, que creo puedo considerarla así, alguna vez me mostró su tatuaje. Todos los días, frente al espejo aparecía en su clavícula expuesta la frase “todo estará bien”. Casi lloro cuando escuché todo el bagaje de por qué lo hacía, pero en mi mente sólo pensaba… “ pero cuando todo esté bien, sólo tendrás el recuerdo que alguna vez no fue del todo bien”.

Recordar es volver a vivir, pero no me veo con algo que me haga llamar a mi pasado. Me encantó, estoy orgulloso de él, no cambiaría nada, pero eso no significa que deba recordarlo, tal vez sólo verlo a la distancia, en la mente, que al fin y al cabo es la vida que nos llevamos a la vejez.

Los tatuajes no son para uno.

Cuántas veces te has visto en la vida directamente? Nunca. A menos que te hayas podido desprender de tu cuerpo, todo lo que hemos visto han sido piernas, brazos y nariz, todo lo demás es producto del reflejo de espejos, vidrios o zapatos de charol bien limpios.

Incluso está comprobado (o eso dice el primo de un amigo) que cuando vemos fotos de nosotros siempre nos vemos raros porque justamente no estamos acostumbrados a vernos de forma correcta. Lo que vemos en el espejo no eres tú, es una persona que su izquierda es derecha y viceversa. Una pequeña variación y todo es distinto.

Lo que quiero decir es que conoce mejor tu cuerpo tu amiga la Yuyis o tu amigo el Pedro, que tú mismo. Un tatuaje no es la excepción. Una marca visual en el cuerpo no es para mí, sino para expresarme y mostrarle a otras personas mis gustos, dolor o sentimientos. Y lo siento, pero hasta para una charla en el café hay tiempos.

Lo peor (no lo mejor) aún no ocurre.

La peor parte. O la mejor. Supongamos que el hecho de querer recordar algo de por vida pudiera funcionar como aliciente para hacerme algo en la piel; claro que hay cosas que vale la pena grabarse y que es necesario vivir nuevamente todos los días. Entiendo que no soy padre, no vivo eternamente enamorado ni hay algo particular que pudiera cambiar mi manera de ver esto, pero creo que a pesar de que hay momentos destacados, para bien y para mal, siempre vendrá uno mejor y uno peor.

He sufrido, he vivido y sentido dolor. Estoy aquí, escribiendo desde la comodidad de mi PC (sorry chicos Apple) y recuerdo muchas cosas tristes, pero me doy cuenta que estoy aquí, y que no soy miserable, no se si podría decir que hoy sería la persona más feliz de la vida, pero sí que soy alguien feliz, que ha vivido preocupación, tristeza y alegrías todo en los últimos 30 minutos nada más. La vida sigue, y el dolor y la felicidad también.

Creo que el hecho de marcar o recordar un suceso de mi historia a través de la tinta sería faltarle el respeto a los cientos de miles de segundos que he vivido, que a lo mejor no han marcado tanto mi vida, pero que seguro si apenas 60 de ellos no hubiera existido o fuera distinto, lo que se que soy, sería totalmente distinto. Además, como persona de fe creo que hay todavía cosas por venir maravillosas, y espero con mucha alegría estar al pendiente y consciente para poder disfrutarlo.

“There are only two ways to live your life. One is as though nothing is a miracle. The other is as though everything is a miracle.” Albert Einstein.

Espero no ser el mismo toda la vida.

Hoy me puedo definir como una persona abierta, amigable y comunicativa, capaz visual y espacialmente, pero con ciertos problemas de asertividad y temperamento. Pero no he sido este toda la vida. La univesidad formó gran parte de mi capacidad espacial y visual, quienes me conocieron en alguna época de mi vida, allá en primaria podrán decir que era una persona ñoña y tal vez no tan fácil de llevar. La etapa que hoy vivo es consecuencia de miles de pequeñas decisiones que he tomado y hasta cierto punto han cambiado mucho a la forma en que veo las cosas.

Y sigo cambiando. Hay un pensamiento que siempre me gusta contar, y es que, la religión y lo que creemos tiene que ver directamente con la suerte de dónde y cómo nacemos. No es lo mismo nacer en Kenia bajo la protección de unos padres clase media, a ser hijo de Carlos Slim, cada uno con sus pros y contras. Ahora, imaginemos que como creyente católico muriese un día y al llegar a esto que conocemos como Cielo, aparece un elefante de 4 brazos y me da la bienvenida. No quiero lucir convenenciero, pero estoy seguro que lo más probable, y estadísticamente fiable, esté muy equivocado en mi idea de lo que pasará cuando muera, así que si bien no se trata de rezarle a todos, sí de forjar un camino en base a principios, porque tal vez Jesús o San Pedro no sean los que están allí, si es que algo o allí hay.

Si lo más seguro es que esté equivocado con algo que he practicado desde hace 28 años, y tal vez pueda reconsiderar en el camino, lo más seguro es que esté equivocado en muchas de las líneas que aquí escribo, y estoy consciente, y expectante a que sea así para poder seguir aprendiendo. Cambiamos, a veces por necesidad, y a veces por gusto. Quiero seguir cambiando, no porque no esté seguro de lo que haga, de lo que creo o piense, sino porque estoy seguro que apenas es algo ínfimo de todo lo que está en la vida.

Mi cuerpo no es el más presentable.

 Ok, no soy yo, pero esa sí es mi actitud.

Seguro algunos comenzarán ahora sí a pensar que no quiero ponerme uno por gordito, pero que cuando trabaje mi cuerpo me ponga un tatuaje muy grande. Puede ser, pero la condición de mi cuerpo no es la mejor para poder lucirlo. Destaco este punto solo porque resulta necesario y obvio que tal vez muchos piensen que esta es una razón, y lo es. No es una razón de peso o importante, pero sí es una razón que me inclina a pensar que no soy una persona que guste de mostrar mucho su cuerpo. No estoy incómodo con él, pero se que no hago mucho para poder llevarlo a su máximo esplendor.

Considero el cuerpo como este empaque que nos tocó ocupar desde nuestro nacimiento, y que así como la suerte que tienes para elegir el lugar en dónde naces, lo mismo es la genética, la alimentación que te dieron tus padres, y tu cultura. No es pretexto, pero considero que el cuerpo es tal cual el reflejo de esas decisiones que vas tomando, y si bien no por eso tiene que ser transparente, sí tiene que ser coherente con el tipo de vida y expectativas de la vida.

En fin. Nunca me he puesto un tatuaje. Tal vez algún día lo haga, no hoy y seguramente no mañana, pero por el momento las razones ni los motivos los tengo. Es curioso cómo una idea, de algo físico, algo gráfico, puede sacar tanto de nosotros. Tal vez, incluso esta postura que presento, estas líneas que escribo, es mi grafismo para mostrar a todo lector que esté invirtiendo su tiempo en esta lectura, quién soy, qué pienso, y qué postura tengo ante la vida.

Aunque ahora que lo pienso, un tatuaje de una trama urbana no estaría mal.

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