@dansavedra

El Cambio no está en uno, está en ellos.

México es un país que se encuentra en un proceso de transformación profunda, desde la sociedad que es más abierta y tiene más acceso a la información, hasta los procesos políticos que cambian la manera de hacer ciudades y la nación entera. Sin embargo, estamos de acuerdo que hay un cambio que parece que a México le aterra, o simplemente no sabemos cómo hacerle.

Ese cambio pendiente es difícil de descifrar, como si habláramos de algo mágico que por más que se enfrenta siempre se pierde. Sabemos que la corrupción es un tema flagrante que si no se arranca de raíz todo arderá. Sabemos también que la cultura de “El que no tranza no avanza” tan solo nos hunde más y más en la miseria, en el agandalle y en estar a la defensiva cuando vemos a un vecino o incluso un amigo. Nos damos cuenta que cada vez los ricos son menos, pero más ricos; y los pobres cada vez son más, y aún más pobres. Pero no entendemos cómo la corrupción no cesa aún cuando nos hemos resistido a las mordidas, que aún siendo honestos y serviciales muchas veces nos pasan a amolar; y que por más que trabajas, parece que es difícil avanzar como en otros países lo hacen.

Queda claro que estas palabras no son para aquel que necesite ser convencido que el camino de la corrupción y el ‘agandalle‘ no es el adecuado para una sociedad sana. Estas palabras son para aquellos que hacemos, servimos y creemos que dejamos todo lo que podemos para ayudar a nuestra sociedad. Y que aún así, no vemos el cambio. Algunas veces hemos escuchado la mística frase “El cambio está en uno”, y sin duda es cierta, nos ha demostrado que ser amables con nuestro prójimo solo crea una cadena de bienestar, que si cambiamos para algo mejor las oportunidades que algo extraordinario suceda son mayores, que renunciando a dar mordidas es algo tan normal que lo corrupto lo vemos como ajeno o lejano.

Pero, ¿somos todos?

Infortunadamente, aún hay lacras en la sociedad, personas que no comprenden del todo la importancia de comportarnos como seres sociales que promuevan el crecimiento conjunto, que todavía no comprenden las metas del prójimo para no atropellarlo en su intento de lograrlas, y que aún peor, son ajenos al cambio que buscamos, al menos para el otro.

Estos lacras somos la mayoría, por no decir todos, lo ciudadanos de este bello país. Sí, aunque lo leas otra vez, eso quise decir. Espera, antes de pensar cómo se me ocurre pensar esto,  permite que lo explique.

Cuando decimos que el cambio está en uno claro que hacemos progresión como habitantes de la ciudad, sin embargo, apenas para el primer círculo de convivencia en el que habitamos. Lo ideal sería esperar que los demás hagan lo mismo y entonces todos vivamos para siempre, sin embargo, esto no será así.

El cambio no está en uno, está en ellos. 

Pensar que nosotros podemos cambiar las cosas es acertado, aunque sin seguidores es casi imposible que lo logremos. Si nosotros cambiamos, seguro otros lo harán, pero no todos. Debemos como ciudadanos entender que somos millones de personas los que habitamos las ciudades del mundo, y que es momento de pasar al siguiente paso, el de exigir como ciudadanos.

Me refiero a que está bien hacer nuestro papel, pero es hora que los demás hagan lo mismo. Denunciemos a aquel corrupto, hagamos frente a aquel que se cuela en la fila, enfrentemos a aquel no cede el paso a los peatones. Casi todos creemos que somos buenos, y que son más los malos. La realidad es que somos muchos los buenos, pero también muchas veces actuamos mal, sin darnos cuenta. El hecho de que como ciudadanos comencemos a exigir al otro (de buena manera claro) que cumpla su labor como ciudadano, nos permite percatar de algunos errores o faltas que cometemos, a veces por ignorancia o distracción.

Podemos solo así parar el gandallismo y al verdadero abusador, ese que cree que ser así es costumbre y que lo que él o ella hace, lo hacemos todos. Demostremos que no es así a través del ejemplo, claro, pero también a través de exigir nuestros derechos ciudadanos, que si yo actúo bien merezco que mi prójimo actúe igual. Así mismo permitamos que los demás nos muestren que tal vez lo bien que actuamos no lo hacemos siempre, que no somos producto terminado y que aún tenemos mucho que entender y mejorar como individuos. Si vemos que el cambio está en los demás comenzaremos a discutir, a pensar cómo podemos transformar a otros y cómo ellos pueden hacernos mejores. Solo desde el prójimo podemos percibirnos como ciudadanos, no como habitantes.

El cambio está en uno, la transformación está en todos. Hagamos valer nuestra condición ciudadana.

@dansavedra

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