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¿Qué quieres ser cuando mueras? Una propuesta para pasar la eternidad.

¿Qué quieres ser cuando seas grande? Te preguntan desde los 3 años riéndose de ti mientras dices doctor, bombero o stripper (mi infancia fue divertida). ¿Qué vas a estudiar? Es la siguiente pregunta, y la que pocos afortunados logran responder y otros menos, son los que la responden bien. ¿A qué te quieres dedicar? ¿Te quieres casar? ¿Quieres tener hijos? Son preguntas comunes las cuales las hemos pensado, formulado y respondida muchas veces, pero, si te dieran la oportunidad de hacerlo realidad, yo te preguntaría… ¿Qué quieres ser cuando mueras?

Hace unas semanas terminaba una revisión de un proyecto, en el cual hasta la fecha estoy entusiasmado, y acompañé (o me acompañaron) a dos amigos hacia nuestro transporte; era el atardecer, seguramente debí decir: ¿Y ahora qué? Tal vez buscaba que dijeran “vamos a hochwear” (término usado por grandes pensadores de #Hochwa desde el año 2014, y qué significa ‘pasarla bomba’) cosa que no hicieron, por lo que me pregunté -¿y ahora qué? No sé cómo, pero la pregunta, combinada con el atardecer y el proyecto dio pie a pensar en la muerte (WTF!) y en cómo cuando llega, no sabemos qué pasa. Pero, ¿Y si pudiéramos diseñarlo? ¿Al menos pensarlo?

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Antes que nada quisiera que dejaras a un lado cualquier creencia o religión, solo es un ejercicio en el que busco pensemos en la muerte como algo más allá de oscuridad total y falta de consciencia, y la tomemos más como una etapa nueva en la vida. ¿Qué quisiera hacer de la vida después de la muerte?

Las opiniones más comunes que hasta ahora he identificado al hacer esa pregunta son, reencarnar, o bien, ir al paraíso. Estoy seguro que reencarnar siempre será lo más deseado pues vivir como personas es lo que hasta ahora conocemos, pero ¿No te gustaría saber qué siente un león? ¿Una Piraña? ¿Una Hormiga? ¿Un extraterrestre? Uno de los riesgos de reencarnar es que por más que lo hagas en una rosa, te puede tocar ser rosa de jardín de Versalles, o rosa de antro.
Reencarnar es aferrarse a la vida, sin pensar en el sufrimiento o en el placer, simplemente volver a abrir los ojos por nunca haber visto con ellos cerrados, punto que no me llama la atención tanto.

Ahora bien, el paraíso, es un sueño y promesa (tal vez la mayor satisfacción de morir para miles de millones de personas). Pensar que existe un lugar donde el sufrimiento, el dolor y las penas acaban debe ser fantástico aunque un poco aburrido y… misterioso. ¿Cómo sería ese paraíso? Creo totalmente que cada quien tiene gustos y preferencias distintas, por eso el paraíso debería ser distinto para cada uno, con apuestas y prostitutas hermosos paisajes para muchos, con música esplendorosa por doquier, o bien, donde pudieras encontrarte con todos tus seres queridos. En mi particular punto de vista, me gusta la idea del paraíso, pero no me gusta la idea de la felicidad eterna, de dejar de sufrir y de parar el llanto. Lo veo como un sitio donde todo lo aprendido se vuelve nada por todo lo que falta aprender, donde todos somos retados a dar más y más.

Mi propio paraiso

Mi propuesta:  

Volver a vivir mi vida desde lejos. Imagina que mueres, hoy, mañana o en 100 años, y puedas vivir desde el inicio, desde que tus papás se conocieron, haya sido en el trabajo, un café, un callejón o un puesto de venta en el desierto. Imagina ver en tercera persona, como un videojuego o una película con tomas lejanas, o cercanas, como tú prefieras; imagina conocer el momento en que saliste de una panza, tu primer llanto, tu primera sonrisa, tu primer popó. Ahora piensa en la primaria y ver de lejos tus travesuras, cuando un(a) niñ@ te bateó, cuando te graduaste, ver la cara de tus padres, tíos o abuelos según tu historia. Seguro ver tu pubertad y tus cambios hormonales te sacaría una sonrisa, o una pena absurda. Piensa en que cuando creciste (si lo has hecho) y tuviste tu primer relación seria, ¿qué pasaría si pudieras conocer la historia de esa persona especial en tu vida y cómo llegó o llegaste a ella (él)? En fin, imagina volver a ver tu vida, desde afuera, aprendiendo, reflexionando y seguramente dándote cuenta que la vida habría sido valiosa, pero que tal vez puedes descansar en paz, sin hacer todo de nuevo, solo valorando lo que has vivido y hecho. Entonces, después de la nueva muerte, vendría sí, el apagón final. Bienvenido, diría yo. No se me ocurre algo que quisiera hacer después.

Esa es mi apreciación basada en una reflexión breve, pero real, sobre mis miedos y mis esperanzas, que al fin y al cabo, creo,  son lo  que te llevas o dejas. En un siguiente artículo me gustaría presentar algunas ideas de lectores y amigos; contáctame vía twtter o en la pestaña contacto si te interesa ser parte de esta nueva entrada. Y tú, ¿Qué quisieras hacer cuando mueras?

@dansavedra

 

 

 

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