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De los mercados (parte 1)

Es el sueño de cualquier hippster; productos orgánicos comercializados sin intermediarios, mercancía “vintage” con un ligero toque de la cultura popular, locales donde se venden cosas usadas y repisas llenas de especias culinarias pertenecientes a platillos de corte gourmet.

Tan hippster que el huevo te lo dan a medio limpiar

Tan hippster que el huevo te lo dan a medio limpiar

No obstante los clientes distan mucho de ser inquilinos de la condesa.  Amas de casa, en su mayoría, se dan cita periódicamente para perderse en estos, por momentos, obscuros laberintos tan llenos de aromas, sabores y colores. Verbenas plagadas de voces pregonando la frescura de las frutas y las verduras. Diversos escenarios dignos de películas de terror con cabezas de cerdo colgando de ganchos y carniceros con mandiles blancos cubiertos de sangre llamándote “Guerito”. Abuelas sentadas sobre sus talones con una gran variedad de chiles secos, nueces y chapulines asados, que venden en las universalmente aceptadas medidas de “latita de atún” o “lata de sardinas”.

Les iba a poner la cabeza colgando, pero es un blog familiar...

Les iba a poner la cabeza colgando, pero es un blog familiar…

Los mercados son ecosistemas vivos por sí mismos y parecen ser inmunes a las variaciones macroeconómicas del país; si la economía del hogar se ve mermada se reducen los volúmenes de venta y es probable que en la bolsa, ingeniosamente habilitada a partir de un costal de azúcar, se aprecien más tunas que manzanas, muchos ejotes y poca carne, pero las visitas al mercado no se verán interrumpidas debido a que son, sin duda, los mejores aliados del salario nacional.

Desde la perspectiva culinaria aquí podemos encontrar productos que no son habituales en los supermercados, como la panza rellena, los quelites y los chilacayotes, pero además podemos sentarnos a probar una quesadilla gigante con chicharrón y flor de calabaza, un licuado de rompope o una polla con su jerez, unos tacos de nana, buche o nenepil. Los sabores que encontramos en los mercados son parte de nuestra identidad nacional, son herencia y tradición.

Y esos son los famosos "machitos". De.Li.Cio.Sos.

Y esos son los famosos “machitos”. De.Li.Cio.Sos.

Y son también una cultura por si mismos, llenos de iconografía religiosa y mística, con sus altares dedicados a la Morenita  del Tepeyac junto a los de la Niña Blanca, ambos iluminados por series de focos de navidad y cirios con focos en forma de flama. Música vernácula que compite con los temas internacionales del momento por ganar niveles de audiencia, locales de ropa con lo mejor de las imitaciones del momento que, si analizamos detenidamente, nos pueden indicar las tendencias que se observan en las pasarelas más actuales, aunque con calidad algo dudosa.

"Te pedimos que la barbacoa sí haya sido de borrego...."

“Te pedimos que la barbacoa sí haya sido de borrego….”

Estos mercados también son fiesta, y saben vestirse para la ocasión y la época del año en turno. A diferencia de las grandes cadenas de mayoreo y los supermercados (Te estoy hablando a ti Costco) tienen un respeto por la estacionalidad de los artículos que venden; si vamos el día de hoy (20 de Agosto) apenas comienzan a asomar las banderas nacionales y los trajes de China Poblana para las fiestas patrias de Septiembre, a diferencia de las tiendas departamentales donde se ha perdido todo respeto por las fiestas y ya en esta época del año comienzan a aparecer las mercancías navideñas.

La única fiesta que parece ser interminable a lo largo del año es la Navidad; las piñatas de colores, tan de nosotros, están presentes todo el año. Claro, allí por Junio ya perdieron su color y las decoraciones se observan planas, pero siguen colgadas como promesa de los tiempos mejores que vienen delante.

Las tradicionales, no esas jaladas de Pokemon...

Las tradicionales, no esas jaladas de Pokemon…

¿Habrán de desaparecer los mercados? En mi humilde opinión no. Son el legado de las culturas ancestrales que estuvieron antes que nosotros y, al igual que las pirámides a cuyas sombras se encuentran, seguirán allí, para poder curarnos la cruda con un rico molito de panza…

Atáscate que hay lodo

Atáscate que hay lodo

 

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3 replies »

    • No lo creo, considero que la esencia de los mercados va más allá del aspecto estético, de hecho considero que una renovación en la imagen de los mercados así como el promover espacios más salubres puede derivar en un aumento en el numero de visitantes

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