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Que 20 años no es nada…

Lo dice un tango cantado magistralmente por Carlos Gardel, “…sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada…”, y sí, la vida parece irse en un instante y volteamos a ver el calendario pensando que sigue siendo 1994….. y nos damos cuenta de que 20 años no son nada. O no…

De nueva cuenta les invito a que realicemos un ejercicio y nos remontemos 20 años a nuestro pasado. Algunos, oh queridos lectores, estarían apenas con 4 o 5 años cumplidos, otros tantos estaríamos cursando nuestro primer año de preparatoria. El común denominador es que todos hemos vuelto a adoptar los pantalones de rapero, los “mullets” y tenemos la dicha divina de que Justin Bieber aún no ha nacido.

Mullet

Esta es la obra de arte conocida como “mullet”: business in the front, party in the back baby!

1994 fue un año que, al menos en la vida nacional, pego con tubo (¿Todavía utilizamos esa expresión?). El 1° de Enero se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (del que aún seguimos sin gozar todos los beneficios) y ese mismo día se levantó en armas el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.

Pero haciendo a un lado la política del país y los temas económicos, ¿Ha cambiado mucho nuestro día a día?

En la casa de un servidor ya contábamos con reproductor de CD, ni que fuéramos bárbaros incivilizados, pero todavía ocupábamos los casetes en el auto y en nuestro imperdible Walkman. El horno de microondas ha tenido su lugar en la cocina desde mediados de los años ochenta y MTV Latino llevaba un año de transmisión al aire, así que por esos lares tampoco hemos sufrido grandes cambios.

MTV

Les juro que nada, nada, nada ha cambiado

Ese año se jugó el mundial de Estados Unidos, donde teníamos la esperanza de que México llegara al menos a las semifinales, ilusión alimentada principalmente debido al número de compatriotas que habitan por aquellas zonas y a los resultados tan contundentes que entregaba la selección en las eliminatorias.

¿Qué pasó? México perdió en penales contra Bulgaria…. Eso pasó.

CS

Los cortes de pelo se deben a una era antes de que prohibieran la pintura de plomo en los juguetes

El cambio más radical, lo que en verdad nos lleva a algunos a sentirnos viejos, es aquel que ha experimentado la tecnología. Bendita tecnología.

La comunicación se ha hecho cada vez más fácil, a pesar de que existan detractores que insistan en que la proliferación de la tecnología nos aleje del contacto social. El simple hecho de encender la computadora para realizar un trabajo escolar ha sufrido cambios; en ese entonces tenía una máquina con un procesador Pentium que era una jalada, lo más rápido de su especie….. y que tardaba una eternidad en arrancar Windows 3.1.

Teníamos que cargar en el coche una caja con una variedad de CDs y casetes y no nos acercábamos si quiera a la cantidad de música que podemos trasladar ahora. Contar con una casetera auto-reversible ya era ganancia, si no tenías que expulsar la cinta y darle vuelta para cambiar de lado. Había también algunos estéreos que tenían una función que identificaba cuando había un vacío en la cinta y así podías ir “adelantando” las canciones.

En cuestión de las películas era más o menos igual: contábamos con una videocasetera VHS y en el Videocentro de tu preferencia (antes de que llegara la franquicia de Blockbuster” te ponían una multa si regresabas las películas sin haber rebobinado las cintas, teníamos un aparato exclusivo para hacer esa función.

Ya existía la telefonía móvil y varios gadgets esteban comenzando a ver la luz, como el famoso y muy criticado Newton de Apple Inc. La mayoría de estos inventos eran realmente costosos y reservados para el sector “de negocios”, así que los ciudadanos de a pie no tendríamos oportunidad de poner nuestras manotas en los mismos.

Newton
El hermano hippster de las IPads

Si seguimos con la lista de avances tecnológicos podríamos llenar tratados enteros de información que bien pueden buscar en Google, que junto con el Internet estaba apenas en pañales hace 20 años.

¿Qué tanto hemos cambiado en 20 años? Afortunadamente no lo suficiente como para tener que adoptar la moda propuesta por “Volver al futuro 2” y desafortunadamente no lo suficiente como para rompernos un brazo utilizando nuestra patineta voladora.

 

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