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Pleonasmos Cínicos.

Los pleonasmos son, según la RAE, demasía o redundancia viciosa de palabras. ¡Vaya que los usamos! Muchas veces creemos que estos pleonasmos solo se escuchan cuando algún oficial de tránsito nos pide que ‘nos orillemos a la orilla’, o bien, cuando alguien refrenda posición de algo diciendo que ‘es suyo de sí mismo’. Pero los pleonasmos a veces no son tan elaborados, y a veces son peor en el sentido que se dicen, sin querer, porque muestran nuestra la naturaleza humana con la que están formadas las cosas.

¿Qué fue antes, el 'oríllese a la orilla' o Poncho Aurelio?

¿Qué fue antes, el ‘oríllese a la orilla’ o Poncho Aurelio?

 ¿Qué a qué me refiero?

Desde mi área de estudios, la arquitectura y la ciudad, esto es más que evidente. Existe un término utilizado durante los últimos años a los que se denomina “urbanismo social”, término que ha sido acuñado por la sociedad en general. Se refiere por lo general a la serie de intervenciones urbanas en las que parece que importa más la sociedad, el peatón, y el espacio público antes que intereses económicos, como si de una acción de beneficencia se tratara.

El urbanismo y arquitectura per se son de carácter social, y estas son las bases del desarrollo urbano y arquitectónico, sin embargo, en las últimas décadas es tan claro el domino de ciertos intereses que puede llegar a parecer que hay un conjunto de arquitectos, urbanistas y políticos ‘buena onda’ que tratan de darnos un poquito de caridad, cuando en realidad es la base y obligación de sus actividades profesionales y vocacionales. Otro ejemplo, es el de “la ciudad humana”. No creo que valga la pena explicarlo tanto basándonos en que las ciudades son organizaciones humanas que se reflejan en edificios, calles y equipamiento.

Juanito, el héroe de Iztapalapa, que tan solo hacía su trabajo (Creyendo todo lo que dice) cuando vendía resultados.

Juanito, el héroe de Iztapalapa, que tan solo hacía su trabajo (Creyendo todo lo que dice) cuando vendía resultados.

Y ¿qué me dicen de las políticas “sociales”?

Aquí creo que el caso es más severo. Existen una serie de acciones que desarrollan y ejercen los políticos y los poderes que administran cualquier ciudad o país, que se denominan políticas públicas. De estas se desprenden las políticas económicas, las políticas ambientales, de desarrollo urbano, políticas energéticas, y “políticas sociales”. ¿No se supone que todas las políticas que se implementan deben ser gestionadas con el fin único de impulsar el desarrollo de la sociedad?

No me refiero con estos ejemplos, a que estén mal, o que desde sus bases funcionen de forma errónea. Mi reflexión va dirigida a llamar la atención a cómo cosas y acciones que deberían ser cotidianas, comunes y sencillas, se pueden traducir en brillantes, gente buena onda, o gobiernos dadivosos que sirven de forma casi celestial a su población. En tiempos en los que el “Greenwashing” domina los estandartes de marcas, y vender lo que debería ser común como algo excepcional, debemos ser críticos con nuestros términos y la manera en la que vemos las cosas.

CArtoon Movement

A veces ‘ser buena onda’, ser responsable, ser un ESR, no significa ser extraordinario, sino el estándar.

La naturaleza de este fenómeno es la misma en todos los casos. En una sociedad en la que las acciones negativas, las guerras y el abuso son el pan de cada día, podemos llegar a caer fácilmente en que las acciones positivas debieran ser ensalzadas; pero no es a eso a lo que debemos aspirar como personas, o como sociedad. Nuestro deber y obligación, es exigirnos más a nosotros, exigir más a quienes nos gobiernan, exigir más a nuestras empresas o instituciones donde trabajamos o estudiamos. Si entendemos que la mayoría de las acciones positivas que realizan las personas día a día son parte de nuestro deber como personas, o como ciudadanos, podemos en verdad hacer cosas extraordinarias, esas que no se perciben en el día a día, sino con el tiempo.

Son pleonasmos por la redacción ‘profunda’, pero se vuelven pleonasmos cínicos por su trasfondo y su significado real. Dejemos de adoptarlos, no cantemos victorias que debieran ser nuestras labores diarias; démonos una palmadita en la espalda, y continuemos en este trabajo del día a día que es la vida. 

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